DIOS MIO, BENDICE MI HOGAR
¡Dios mío!, bendice mi casa, para que sea el hogar del amor y la paz.
Bendice, la puerta abierta como dos brazos extendidos que dan la
bienvenida a mis invitados.
Bendice, las ventanas que dejan entrar el sol a raudales cada mañana,
y por donde se asoman las estrellas del firmamento, que son luces de
esperanza para la humanidad.
Bendice, los muros que nos defienden del viento, del frío, del calor,
y que son nuestros amigos en las horas que pasamos en la casa.
Bendice, nuestra mesa, y los sitios de trabajo diario para que nos
ayudes, y el lugar de reposo para que nos guardes del peligro.
Bendice, el techo que cobija los afanes de hoy, y los sueños de mañana, y que guarda para siempre entre los vivos, la memoria sagrada de los que se han ido al cielo.
Bendice, la luz de la casa, la madre, la fuerza, y el aliento...el padre, y que sean benditos los hijos, luz de esperanza, y de sueños futuros.
Bendice, los sentimientos, las ternuras, el amor, los anhelos que florecerán en nuestras vidas cotidianas.
Bendice, nuestros pensamientos para que siempre sean puros, y las palabras para que sean rectas, y que nuestros actos en la tierra nos conduzcan a TÍ.
Bendice nuestras horas de paz y de silencio, para que fortalezcamos
juntos nuestro espíritu, y este nos lleve puros hacia TÍ.
Bendice, nuestros dolores más profundos, y nuestras alegrías porque son el corazón de la familia.
¡SEÑOR!, QUÉDATE SIEMPRE CON NOSOTROS.....
EN TU MORADA..... EN NUESTRA CASA!
Amén
Autor Anónimo
sábado, 19 de enero de 2008
EL SABIO
El Sabio
El sabio se mantiene alejado de la rivalidad, de la codicia y de la confusión
producida por los deseos.
El sabio es feliz al vivir, es bondadoso y armoniza con todos, es sincero al hablar, equilibrado y recto en el trabajo y en la vida.
Cuando acaba su obra, se retira oportunamente, su respiración es fresca como la de un niño, y busca siempre beneficiar a los hombres.
El sabio es difícil de comprender, es cauteloso como quien atraviesa un río en invierno, prudente como quien tiene enemigos, reservado como el huésped de una casa, sencillo como la madera, tranquilo como un valle y profundo como las aguas de un lago.
El sabio posee poco porque se ha olvidado de las cosas, su presencia es modelo para todos los hombres. No se muestra, por eso resplandece, no se vanagloria, por eso sobresale, no se exalta, por eso merece elogio, es humilde y se mantiene íntegro.
Permanece independiente, aunque viva rodeado de gloria y esplendor nunca pierde la paz.
El sabio no es impetuoso, y nunca pierde el dominio de sí mismo.
El sabio no ofende a nadie, y nunca halla motivo para rechazar a nadie.
El sabio es aquel que se conoce a sí mismo, que quiere conquistarse a sí mismo,
más que conquistar a otros.
El sabio, contemplado, no parece digno de ser mirado, oyéndolo, no parece digno de ser escuchado, sin embargo, contiene en sí todas las virtudes.
El sabio parece que no hace nada y, sin embargo, nada queda sin realizar.
El sabio hace del corazón de los demás el suyo propio. Con el bueno obra de forma buena, con el malo obra de buena forma.
El sabio se parece a un niño, nada ni nadie le daña.
El sabio se da cuenta de las cosas que para los demás pasan inadvertidas, y estima por igual las grandes y las pequeñas.
El sabio no combate, mas siempre vence, y no teme a la muerte.
El sabio es, en fin, quien está en armonía con la naturaleza.
El mejor Sabio es quién está seguro que no lo es, y depende de aquel que es verdaderamente sabio...Dios.
Y Faraón dijo a José: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú. Genésis 41:39
¡Si tan sólo fueran sabios y entendieran esto, y comprendieran cuál será su fin! Deuteronomio 32:29
El sabio se mantiene alejado de la rivalidad, de la codicia y de la confusión
producida por los deseos.
El sabio es feliz al vivir, es bondadoso y armoniza con todos, es sincero al hablar, equilibrado y recto en el trabajo y en la vida.
Cuando acaba su obra, se retira oportunamente, su respiración es fresca como la de un niño, y busca siempre beneficiar a los hombres.
El sabio es difícil de comprender, es cauteloso como quien atraviesa un río en invierno, prudente como quien tiene enemigos, reservado como el huésped de una casa, sencillo como la madera, tranquilo como un valle y profundo como las aguas de un lago.
El sabio posee poco porque se ha olvidado de las cosas, su presencia es modelo para todos los hombres. No se muestra, por eso resplandece, no se vanagloria, por eso sobresale, no se exalta, por eso merece elogio, es humilde y se mantiene íntegro.
Permanece independiente, aunque viva rodeado de gloria y esplendor nunca pierde la paz.
El sabio no es impetuoso, y nunca pierde el dominio de sí mismo.
El sabio no ofende a nadie, y nunca halla motivo para rechazar a nadie.
El sabio es aquel que se conoce a sí mismo, que quiere conquistarse a sí mismo,
más que conquistar a otros.
El sabio, contemplado, no parece digno de ser mirado, oyéndolo, no parece digno de ser escuchado, sin embargo, contiene en sí todas las virtudes.
El sabio parece que no hace nada y, sin embargo, nada queda sin realizar.
El sabio hace del corazón de los demás el suyo propio. Con el bueno obra de forma buena, con el malo obra de buena forma.
El sabio se parece a un niño, nada ni nadie le daña.
El sabio se da cuenta de las cosas que para los demás pasan inadvertidas, y estima por igual las grandes y las pequeñas.
El sabio no combate, mas siempre vence, y no teme a la muerte.
El sabio es, en fin, quien está en armonía con la naturaleza.
El mejor Sabio es quién está seguro que no lo es, y depende de aquel que es verdaderamente sabio...Dios.
Y Faraón dijo a José: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú. Genésis 41:39
¡Si tan sólo fueran sabios y entendieran esto, y comprendieran cuál será su fin! Deuteronomio 32:29
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